jueves, 30 de diciembre de 2010

Enrique Morente, las Voces Búlgaras y Lagartija Nick

Programa especial de rtve dedicado a Enrique Morente allá por 1999. Comienza con el impresionante "Campanas por el poeta" con el acompañamiento de las Voces Búlgaras y acaba en el Omega, "Ciudad sin Sueño" con los Lagartija Nick.

Ciudad sin sueño, poema de Federico García Lorca

No duerme nadie por el cielo,
nadie, nadie, no duerme nadie.
Las criaturas de la luna
huelen y rondan las cabañas.
Vendrán las iguanas vivas
a morder a los hombres que no sueñan.

Y el que huye con el corazón roto
encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto
bajo la tierna
protesta de los astros.

No duerme nadie por el mundo,
nadie, nadie, no duerme nadie.

No es sueño la vida.
¡Alerta! ¡Alerta!
Subimos al filo de la nieve
con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido,
ni sueño, carne viva.
Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duele su dolor
le dolerá sin descanso
y el que teme la muerte
la llevará sobre los hombros


SI SE CALLA EL CANTOR, CALLA LA VIDA

(a mi amigo Enrique Morente cuando ya duerme en Granada)
sábado 18 de diciembre de 2010
Texto: José Manuel Gamboa
Foto: Paco Sánchez
Por la clínica La Luz
no quiero pasar
porque me acuerdo de mi amigo Enrique
y me harto de llorar.

Hasta hoy no he podido hablar porque las lágrimas y la congoja me impedían convocar las palabras precisas -si es que alguna vez dí con ellas-, para despedir a Enrique Morente. Así de fuerte, a Morente. Responder al inesperado adiós del maestro más potente, Enrique Morente ¿He dicho algo?

¡Esto sí que son pérdidas! Y de las que no aguardan ganancias.

Amigo Enrique, si uno supiera estar a la altura te escribiría una elegía, qué sé yo… Antes de meter la pata remitiremos a Miguel Hernández, aquel poeta que nos diste a conocer cuando éramos jóvenes, primero alzando la voz en las tribunas saltándote la censura franquista y, después, al productor de turno que no quería registrar la intensidad de los lamentos compañeros: Yo quiero ser llorando el hortelano…. Ahora que un hachazo invisible y homicida te ha derribado, tan solo podemos compartir el dolor con tantos y tantos amigos fetén como nos diste a conocer. Es un consuelo, como el acudir a tu familia. Tendré que ir haciéndome a la idea de que ya no me vas a llamar más, según me quisieron advertir la abuela Rosario y esa Aurora que como relámpago penetró en tus sentidos alumbrando de por vida campos de amores. Guardo tu último mensaje: Gamboíta, que no voy a poder ir a verte hoy y por el libro de Rafael Romero; que me voy a quedar con Jack el Destripador…

Nos has enseñado tanto sin dar aparentes lecciones, nos has socorrido estando siempre oportuno el primero en el momento preciso con la palabra justa cuando flaqueaban las fuerzas… Alimentaste el correcto apego prodigando sonrisas, persiguiendo o provocando colectivos regocijos, ¡qué de noches las de aquellos días!, y dando cuentas al que escuchar quisiere del tradicional cante jondo, el centro que jamás perdiste porque siempre supiste lo que cantabas. Enrike-ciéndonos siempre, maestro Morente. El buen árbol de la buena sombra que nos cobijó se ha quebrado, ya se secó la fuente de ese manantial de música que nos libraba de las fatiguillas y las penas. Nos has dado tanto, que nos lo has puesto muy difícil en este trance. Qué dolor, qué pesar, qué desazón, qué tristeza infame e infinita nos abruma.

No me va a dar tiempo, me decías ayer cada dos por tres, ocultando en el socarrón comentario la verdad de las urgencias que augurabas en silencio. De momento ahí se quedó la cita para hoy, 17 de diciembre, que te esperaba la Legión de Honor francesa y no tenías muy claro si ello te obligaba a desfilar; para ti la Legión, como antes fue para tu adorada Antonia Mercé, La Argentina, y para mí un año más. Motivos –de muy distinta índole, no cabe duda- había para celebrar, y habíamos prometido tomárnoslo a pecho, que nunca nos ha caído mal… Permanecerá pendiente la ceremonia, y en el disco duro esa bulería con el amigo Gerardo Núñez y aquella otra con Pepe Habichuela, y en la agenda una cosita para Joaquín Sabina y un cedé sobre la obra de Antonio Vega. Y eso no es nada más que una mínima parte de lo aplazado. El bullir de ideas morentianas veníase arriba por instantes, y La Pelota, su mujer, su Aurora, su luminaria, se decía con la gracia del flamenco acento: “¡Y éste hombre, que quiere sacar un disco a la semana!”.

Claro, tienen hoy pleno sentido aquellas premonitorias revelaciones con que salpicabas la conversación en los últimos tiempos, o, sin ir más lejos, las revelaciones jamás reveladas que dabas en revelar a tus gentes. Y ahora nos rebelamos, con Be alta y clara, nosotros; nos cogemos un rebelamiento de los que hacen época y, aunque no sirva para nada, en el fragor del desconsuelo, queriendo pedir amparo, buscar alivio a las penas, levantamos una tormenta de piedras, rayos y hachas estridentes.

No ha mucho te vi gemir con rabia ante la injusta pérdida del entrañable y gran cantaor Fernando Terremoto… Al darte la noticia del tránsito de Mario Pacheco, aquel que dejó retratado en la mejor portada flamenca que conocemos el despegue que emprendiste de la mano de Pepe Habichuela, nos preparabas con un comentario desconcertante para la agenda de ausencias al acecho. En los estudios CATA, los antiguos Sintonía donde tanto sintonizó Mario para sus Nuevos Medios, plasmaste tu último cante el día que se nos fue. Una semana después ingresabas a ver la oscuridad en La Luz ¡Válgame, qué contradicción! Qué triste pasa este jodío 2010 para nuestros jóvenes flamencos, de edad o espíritu.

Cantaste en la Casa de América hace nada, el 23 de octubre, y te anunciaron de una forma un tanto rara: “Mayra Oyuela, ex Enrique Morente”. Quieras que no a primera vista el cartel era para alarmarse. Antes de ponernos hecatómbicos nos dijimos, un momento que la están peinando, y volvimos a leer con mayor cuidado para observar que la cosa era de otro modo: “Mayra Oyuela, Ex, y Enrique Morente”. Con tu “jefe” Javier Liñán os acercasteis después al domicilio de Iker Seisdedos a, ¡nunca nos ha hecho daño!, festejar. El anfitrión te ofreció su discoteca y elegiste a Mercedes Sosa, lo que me hace recordar también tu propósito de rendir homenaje discográfico a los cantautores por haber iluminado “siempre a los de abajo”… La recepción ikertiana me la cuenta Marisé -que yo andaba por Arahal, mi pueblo que tanto te quiere y al que tanto quisiste-, y es ella, mi mujer, quien elige ahora para ti, su “hermano” Enrique Morente, la canción de Horacio Guarany que encarnó a la perfección Mercedes y tan bien te cuadra:

Si se calla el cantor, calla la vida
porque la vida, la vida misma es todo un canto.
Si se calla el cantor, mueren de espanto
la esperanza, la luz y la alegría.

En La Luz, precisamente, enmudeció, mientras nosotros, sin esperanza ni alegría, quedamos espantados y el cante jondo siguiendo latía con tiento en las conciencias así:

Dicen los doctores
que me encuentran grave,
malito de muerte,
yo bien sé que muero;
¡Que me llamen a mí a otro doctor…!

Morente, de poder, se hubiese defendido así:
¡Antes morir que perder la vida!

Y nosotros clamando:

Que no calle el cantor porque el silencio
cobarde apaña la maldad que oprime,
no saben los cantores de agachadas
no callarán jamás de frente al crimen.

Que eras grande entre los grandes muchos ya lo saben, otros lo sabrán y otros ignorantes en su ignominia seguirán ladrando. Tú, el valeroso rebelde que por honestidad se arriesgó a perder el buen trato de los santones haciéndose fuerte en su propio decir, prefiriendo el desastre a la mediocridad, pasaste por el eterno alumno ¡Qué cosas! Libre te quiero y libre, al fin, te quieren ellos.

Enrique se nos ha ido, y aquí nos quedamos los demás entre confusiones, fusiles, venenos y ladrones, muchos ladrones hijosdesumadre merodeando. Como la brújula que perdió su aguja, ¡ahora sí que estamos vivos de milagro! Perdidos en el espacio del silencio, ¿quién marcará el rumbo a humildes golpes de amistad y sabiduría? Definió hace poco su colega de aventuras José Luis Ortiz Nuevo: Es abuelo y es vanguardia ¿Dónde ahora la vanguardia, y hacia dónde? Resuena por doquier un, ¿y ahora qué?, desolador que nada bueno barrunta.

Ni lo vimos partir cuando en la lejanía ya se difuminaba. Él iba solo tambaleándose. Te daba mi vida, amigo, porque tú mucho más a la existencia de los demás darías. Lástima que no nos dejen hacer estos conciertos, cuando siento más tu muerte que mi vida y aunque que me perdiera lo que trajeses.


Que mil guitarras desangren en la noche
una inmortal canción al infinito.
Si se calla el cantor…, calla la vida.

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